Un blog de creación en español

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Thursday, May 23, 2013

Ficción y no ficción primavera 2013: Nicole Bermeo


Hipócritas

Por Nicole Bermeo
  
            Las mujeres siempre tienen tiempo para hablar mierda. Como mujeres, tenemos una habilidad innata para parecer confiables, pero en realidad, la mayoría de las cosas que nos dicen serán de conocimiento público por la noche. Irónicamente, esto tiene sentido, ya que es una adaptación evolutiva de las mujeres a ser buenas en formar enlaces con la gente (ya que obviamente nos falta la fuerza física que tienen los hombres). Compensamos esto siendo verbalmente agresivas, o en otras palabras, somos muy críticas y duras con todos menos con nosotras mismas. De alguna manera, este complejo de superioridad nos permite funcionar en la vida diaria sin llorar cada segundo por nuestras deficiencias personales. Todas las mujeres hacen esto, y si una le dice que odia el drama, hay que tener cuidado porque todo lo que una mujer dice debe ser profundamente analizado para encontrar su verdadero significado. No se deje engañar – todas somos iguales.
            Si uno quiere probar esto, debe observar a la mujer en su hábitat natural, idealmente cualquier Starbucks en Manhattan. Encuentre una mesa desocupada, preferiblemente en un rincón apartado (esto será difícil en Nueva York). Coloque su chaqueta en el respaldo de la silla y configure su computadora. Pídale al grupo de mujeres a tu lado si pueden cuidar sus cosas mientras consigue una bebida. Si usted es atractivo, ellas probablemente empezarán a reírse nerviosamente. Si no, no te preocupes, no hará ninguna diferencia. Cuando tenga su carísimo grande caramelo frappuccino con leche descremada y sin crema batida, siéntase como en su casa. Agradezca al grupo de mujeres por cuidar sus cosas. Enchufe sus audífonos en su computadora, pero sin escuchar nada (necesita escuchar a escondidas).
            Después de algunos intercambios corteses, las mujeres comenzarán a ponerse al día. Una de las mujeres empezará a hablar de su difícil relación con su novio de tres años y cómo él nunca hace nada por ella. Las otras mujeres le dirán que ella es increíble y que se merece a alguien mejor que él. Ella les dirá que se fue a un bar la noche anterior para que sentirse mejor y que conoció a un hombre atractivo que la hizo reír toda la noche. Cuando les cuenta que ella se acostó con el hombre, sus amigas la felicitarán y le aconsejarán que deje a su novio idiota. Cuando la mujer vaya al baño, sus amigas la llamarán puta por engañar a su “muy amable” novio. Cuando ella regrese, sus amigas le dirán que tienen que hacer unos recados y se pondrán de acuerdo para juntarse la próxima semana y se irán.
            Cuando sus amigas salgan, la mujer se sentará por un rato, con su cabeza inclinada hacia el techo. Ella dejará escapar un suspiro y sacará su celular del bolso. Lo mirará por un rato y marcará el número de su novio. Cuando él conteste, ella le dirá que lo extraña y que nunca va a engañarlo y que él es lo mejor que le ha pasado. Después de ponerse de acuerdo para ir a cenar esa noche, ella le dirá que lo ama. Cuando se levante para irse, lo mirará y le guiñará el ojo. Cuando ella se vaya, usted se sorprenderá de lo que acaba de suceder, pero definitivamente va a entender a lo que me refería cuando le dije que no se puede confiar en las mujeres.
             

Sunday, May 20, 2012

Ficción y no ficción, primavera 2012: Brit Lippman


El Timekeeper

            A la altura de 4 pies él ve el mundo.  La ciudad de Nueva York se eleva por encima de él, pero no lo domina; de su cuerpo en miniatura una gran presencia resuena, y nadie esperaría la voz inmensa que emana de su boca y llena las aceras alrededor del parque. Su vida personal es un misterio—todos lo reconocen, pero nadie lo conocen. Algunos dicen que trabajaba por la universidad hace muchos años, hasta un día se volvió loco. Otros piensan que es un espía. Su residencia es desconocido, pero una cosa es cierta—no es un hombre sin hogar. La evidencia es clara: en Nueva York, los sin techo deambulan por las calles, y a menudo parecen perdidos, desolados, sin propósito. El Timekeeper, no—su propósito es claro (es evidente en su nombre), y El Parque de Washington Square disfruta su reinado benévolo (la mayoría del tiempo). Camina por University Place como si fuera suyo y tiene un doble papel:  es guardia de tráfico y también el reloj más confiable.  Con sus dulces reprimendas—en la forma de gritos urgentes—les recuerda a todos que no deben llegar tarde a las clases, e inculca en ellos un sentimientos de culpa de la misma manera en que lo hacen los padres. Cuando no está trabajando, se relaja en un banco como si fuera el sofa de su sala con un paquete de pasteles de Little Debbie-- su merienda favorita. Mira a los estudiantes y saluda con la cabeza cuando alguien pasa por su banco.  El Timekeeper es la figura familiar del barrio—un poco estrafalario pero siempre agradable.
            Los estudiantes de NYU no tienen un campus típico, pero un sentido de unidad se forma en presencia del Timekeeper, la mascota de NYU mucho más influyente que el Bobcat, y por cierto más divertido. Se espera que la desaparición del Timekeepr señale la caída de la puntualidad y la vivacidad de la población universitaria. Por lo general, él está muy ocupado para conversar por mucho tiempo, pero de vez en cuando, si tienes suerte, acepta una entrevista. 

Thursday, May 17, 2012

Ficción y no ficción, primavera 2012

Los cursos de ficción y no ficción suelen ser complicados empezando por el título. Tan arduo es discernir la línea que divide la ficción de la no ficción como separar la verdad de la mentira.  Resuelvo el asunto tratándolas como convenciones: se puede mentir en unas memorias como mismo se puede relatar con toda la fidelidad posible hechos reales en una obra de ficción. Lo que cambia y decide son las expectativas creadas y la lealtad con que el autor se atenga al pacto con el lector. No mentir a sabiendas en la no ficción, mezclar datos ciertos con la más pura imaginación en los relatos ficticios con tal de que funcionen. Creo que los estudiantes de este año lo han entendido.



En la foto de izquierda a derecha: Peter, Abhi, Jessica, Chistopher, Holly, Amanda, Britt, Cristal y Kathryn. 

Ficción y no ficción, primavera 2012: Jessica Jiménez


Calidoscopio Rojo
            Hoy encontré tu bolsa. Roja. Te gusta ser notada. Tu personalidad brilla entre la multitud de negros, grises, blancos y azules reales de invierno. Michael Kors. Piel. Que diseñadora. Te gustan las marcas que llevan las famosas. Las anhelas, ruegas, y te la compran porque no soportan tu carácter. Mimada. Fuego contenido. Eres joven.
            Eres lista, pero no tan higiénica como para cargar con un cepillo de dientes. ¿Por qué lo tienes en tu bolsa? Delineador de ojos de M.A.C. negro, máscara de Maybeline negra, Colorete de NARS, bálsamo de labio Carmex con sabor a cereza. Simple. No tienes pasta de dientes. Eres nómada. Tienes un apartamento. En el West Village (¿o es que vives downtown con los financieros?). Pero casi nunca estás allí. Prefieres desfilar por camas frías y lejanas. No te gusta traer las aventuras a casa; no son tuyas si no habitan contigo.
            Peine. Tienes pelo como miel, con dimensiones complejas de ámbar. Lustre. Espejo. Eres demasiado auto-consciente; no usas mucho maquillaje. Perfume. Romance de Ralph Lauren. Prácticamente vacío. Conoces el efecto que tienes sobre los hombres, pero no te lo crees tú misma. El Immoralista. Gide. Estudiante.
            Panties de encaje. Negros. Pequeños (aunque pueden ser medianos...no confirmo la etiqueta). ¿A quien se los vas a mostrar? ¿Para cuál conquista? ¿Cuál batalla? La de esta mañana en el deli, por la cual no pagaste el café o esos croissants medios tostados que te encantan? ¿O ese que siempre te acompaña a clase con el pretexto de conversación profunda, pero solamente coquetea torpemente? ¿Tu profesor? ¿O ese que esperas en la esquina más profunda de esa barra pequeñita de Apothacary?
            Recibos de Restaurantes. Casi siempre ordenas ensalada para el almuerzo y un bistec casi crudo para la cena. Depredadora. Saludable. No cocinas. Espera. Recibo de Whole Foods. Todo orgánico. Sí cocinas. Pero solo cuando estas en casa. Menuda. Pretendes ser adulta, pero tienes una bolsita llena de chocolates, caramelos y chicles, y una revista People; alma de adolescente.
            No hay una cartera de bolsillo. Quizás la tenias en la mano cuando, despistada y borracha, te olvidaste de tu bolsa esa noche. O tuviste una emergencia. Pero de un bolsillo chiquitico, y con mucha dificultad, saco una tarjeta. Tu nombre, escrito en tu tarjeta de seguro social (que no debes cargar contigo, pero corres el riesgo...quieres perderla...no pertenecer a nada): Alana Haze. Nombre perfecto. Tu nombre.
            Tengo que conocerte. Busco esas curvas y simetrías exactas que te delinean entre las paginas del directorio telefónico en el internet. Solamente una Alana Haze en toda la ciudad. Pues, ¿cómo pueden haber más como tú? 846-637-9361. Te llamo. Oigo la voz robótica de tu contestador. Encontré tu bolsa. Te dejo mi dirección.
            Te espero.
            Oigo el timbre.
-Sí?
Hola, me llamo Alana Haze. Alguien me dejo un mensa...
            Presiono el botón para que subas.
            Pero, tengo dudas. Tu voz no tiene ese timbre juvenil, esa dulzura irresistible que utilizan las jóvenes cuando le hablan a sus padres. No. Suenas agotada. Tu voz como un murmullo, bajo, enronquecido.
            Abro la puerta una pestaña. Tus pasos resuenan por los tacones que debes de estar usando.
            Todavía no te veo. Solamente una sombra marca tu presencia.
            Lentamente asciendes. El punto de tu cabeza se nota entre las barras de hierro. Castaño mate. Dos pasos más. Ojos marrones, coloreados con una sombra verde y ostentosa. Alta. Amazónica de mediana edad.
            Me equivoqué. No eres tú. Antes de que termines de ascender, antes de que veas el voyeur, te cierro la puerta.
            Me equivoqué.
            Empieza a tocar la puerta. Me quedo sentado. Mudo. Me grita que le abra, que tengo su bolsa. Que va a llamar a la policía. 
            Que la llame. Esta no es su bolsa. Es la tuya.
            La amazona destrozada cesa su gritería. Oigo que baja las escaleras.
            Me quedo sentado. Esperándote.

Ficción y no ficción, primavera 2012: Abhi Kanakadandila


Declaración
            En esta vida, me lamento de cada aspecto de mi vida. Me lamento de la calidad de la educación, del hecho que no he llamado a mi abuelita en tres meses, de la forma de mi cuerpo, la salud, y los días que paso con los ojos abiertos mientras lamento mi falta de impacto positivo en el mundo. A pesar de todo esto, hay un lamento que aumenta en significado cada día, especialmente mientras me acerco al matrimonio. Lamento mi punto de vista sobre las mujeres. Toda la vida, siempre he pensado que todas las mujeres eran iguales. Debido a las discusiones recientes con mi novia, ahora me doy cuenta de que es falso. En un esfuerzo de pura reflexión, quiero entender la belleza de cada tipo de mujer que he encontrado en esta ciudad.
El Estudiante
            Esta mujer tiene algo por alcanzar. Pasa noches a solas en la biblioteca estudiando en la biología, lenguaje, filosofía–sin parar. Cada una entiende que esta universidad, una de las más prestigiosas del mundo, no es un lugar para divertirse. Para ellas, esta institución es un vehículo a la puerta del éxito. Por eso, no tienen razón para explorar afuera de las paredes enormes de la biblioteca ni en los confines de su dormitorio. Sus amigos son Sylvia Plath y Jane Austen, no les apetece Gossip Girl y no tienen tiempo para un novio. Para ellas el amor es un tema sobre el que escribir, no desean hallarlo en la vida real. Cuando te veo en la biblioteca, que sepas que te entiendo.
La Parrandera
            Para mí, ella es la persona más fascinante de la ciudad. Las noches que terminan con la madrugada y una pista de sol, la decisión de tomar vodka en vez de agua y el olvido de asistir a la iglesia. Cada noche se sientan en el mismo rincón de un club diferente en el mismo distrito situado en el lado oeste de la ciudad. Al principio, creía que ellas vivían para ser envidiadas y que su única consideración en la vida eran los planes de la noche siguiente. En realidad, pasan las noches pensando en una alternativa. Ellas no quieren divertirse cada segundo de la noche hasta la madrugada. Es obvio a través de un análisis de sus ojos durante el día–negros y agotados. Si tuviera una opción, estarían en cama con un hombre dulce. No creen que puedan, y por eso no tratan cambiar su vida. Cuando te veo en el club, que sepas que te entiendo.
La Novia
            Perfecta.

Para vivir con la verdad, es imprescindible que aprendan que la vida está llena de individualismo. Durante la niñez, hay tantas personas que nos aseguran que “cada mujer es...” o “cada hombre actúa como...” Esta perspectiva funciona bien para un niñito; como adulto no tiene sentido. Si quieren entender el mundo como yo, le insisto en que se quiten esta idea horrible y hagan categorías de individuales. Es un ejercicio que sirve no solamente para beneficiar a los demás, sino también para hallar la paz interior.

Ficción y no ficción, primavera 2012: Peter Lesser


La calidez de las noches frías

            No hay ningún taxi a la vista. Estoy parado en la esquina, nieve ligera cae sobre mis hombros. Pienso que ella está seria esta vez. Ella estaba tan enfadada, y ahora, mientras miro la nieve caer y las ventanas del bar, donde está cálido, la veo en los brazos de otro hombre. Yo no debería haber tomado tanto, y no debería haber dicho la verdad. Pero me he estado sintiendo así por un rato, así que tal vez sea una cosa buena. Un taxi se detiene. Tengo una última mirada a la calidez de la luz dentro del bar y a su sonrisa, y entro en el taxi oscuro.
            Estábamos juntos en el bar. Tomé mi séptimo u octavo whiskey y me dijo algo. Algo pequeño que en la superficie parecía normal, sin embargo sus verdaderas intenciones eran insultarme. Así que le dije que me habría acostado con su mejor amiga, la que estaba detrás de ella, la noche anterior. Me tiró su cerveza a la cara y me dijo que me quedara con mi puta, quien ya está en el taxi conmigo. Pasamos semáforo tras de semáforo. Entonces le digo al conductor que pare. Salgo a la nieve y empiezo a caminar hacia el bar. La otra mujer se quedó en el taxi. Mejor.
            Paso por los cafés, restaurantes y apartamentos que están iluminando las calles frías con luz cálida. Mientras veo a parejas felices, pienso en los años que he pasado con ella, todas las peleas, el viaje a Londres y a París, la primera vez que la conocí y las noches en mi apartamento, cálidas y felices. Mientras estos pensamientos corren por mi cabeza, comienzo a correr también. Corro hacia la luz del bar que dejé hace diez minutos, por el montón de luces que se reflejan en la nieve que ya está dura e implacable, hacia la calidez de ella.

Monday, May 14, 2012

Primavera 2012: Taller de Escritura Creativa en español

Como cada semestre mis estudiantes del curso de escritura creativa insisten en que los hago trabajar demasiado, en que temen no ser lo suficientemente creativos. Como cada semestre consiguen sorprenderme. Y sospecho que hasta logran sorprenderse a ellos mismos que es -según mi experiencia- el momento más placentero de todo acto de creación. Abajo sus textos favoritos: