Hay una enorme cultura del surf en Manhattan Beach California y los padres inician a sus hijos en el surf a la misma edad en que comienzan a caminar. Siempre que iba con mis amigos a la playa, siempre nadaban hacia lo profundo y buscaban las olas más grandes. Yo me quedaba en aguas poco profundas, incapaz de avanzar más. De niño, esas enormes olas me mostraron el poder del mar y veía al mar como un lugar donde la Madre Naturaleza puede hacer con nosotros, los humanos, lo que le dé la gana. Veía las olas como ominosas, inevitables paredes de destrucción que pueden arrastrarte lejos de tu familia y nunca devolverte. Pasaba horas en la playa todos los días intentando mentalmente superar el obstáculo, pero siempre fracasaba. Me propuse como objetivo durante años llegar al "deep end" donde las olas llegaban a tamaños imponentes.
Un día, mi primo mayor Darion me llevó a la playa con sus amigos y me dijo que el oleaje estaba pesado. Me asustaba demasiado pero no quería que se me notara, así que le dije que no importaba, estaba listo. Todo
—¡Vamos, Nico, métete! Las olas están pegando hoy —grita Darion mientras corre por la playa. El agua está más agitada que nunca.
—Eh, sí, ya voy, dame un momentito —respondo mientras estoy parado en la arena, reuniendo la confianza para entrar en el mar que siempre me ha dado tanto miedo.
Respiro profundamente mientras el sol de California golpea mi cuello bronceado. Darion ya es un teenager y yo apenas tengo diez años, ¿cómo espera que me tire a la acción sin dudarlo? Siempre veo a mis amigos y primos surfeando sin miedo, pero nunca puedo reunir la confianza para remar suficientemente lejos y hacerlo yo mismo. ¿Y si me ahogo? Justo el año pasado hubo un ataque de tiburón en esta misma playa, ¿y si me comen? Para mi primo, estas olas son emocionantes, pero para mí son aterradoras. Siempre he tenido miedo del mar por las historias sobre corrientes de resaca, tiburones y olas enormes. En días como este, suelo mantenerme fuera del agua, pero ya que estoy aquí, no hay vuelta atrás. Mientras veo a Darion remar por el agua azul oscuro, sonriendo de oreja a oreja, me digo a mí mismo que hoy es el día en que mi miedo se va a conquistar.
—¡Nico, métete! Vas a estar bien, ¿qué es lo peor que te puede pasar? —grita Darion mientras está sentado en su tabla.
Sin pensar, mis pies comienzan a llevarme por la arena y me encuentro en el agua remando lo más rápido que puedo. Miro adelante y veo a Darion riéndose, probablemente de mí. ¿Cómo es que este chamo está tan relajado? Por más que avance, me quedo más congelado por el miedo.
Mi primo se da cuenta y llama:
—Ven acá. No seas tonto. Recuerda lo que te enseñé, cuando una ola grande se rompe cerca de ti, todo lo que tienes que hacer es “la tortuga.”
—Listo, listo —respondo como si supiera lo que estoy haciendo.
Unos segundos después, veo una ola rompiendo a unos pies de mí. En lugar de hacer la tortuga, me quedo congelado y dejo que la ola me devore. Estoy dando vueltas bajo el agua como si estuviera en una lavadora violenta. Después de volver a salir, estoy desorientado y mi hombro late por haber sido golpeado contra la arena. Me doy cuenta de que viene una nueva serie de olas set y me digo a mí mismo que me recobre la compostura.
Otra ola rompe delante de mí y esta vez me sumerjo debajo. La ola me pasa por encima y vuelvo a subir, ileso. En este punto, me estoy acercando rápidamente a Darion. Me siento más seguro cuando estoy al lado de mi primo porque él sabe lo que está haciendo.
—Dale Nico, lo hiciste bien. Sigue así, y ya pronto vas a agarrar una—comenta Darion.
Una vez que estoy remando junto a mi primo, veo una ola formándose en la distancia.
—¡Esta es tuya! Monta esa vaina. Confía, lo puedes hacer —dice mi primo.
Este es mi momento. Tengo que intentar montar esta ola, no importa si me caigo. Cuando me pongo en una buena posición, me giro. La ola se arremolina, y remo lentamente adelante. La ola me lleva. Me levanto y extiendo los brazos para mantener el equilibrio. La ola debe tener solo 2-3 pies de altura, pero en ese momento se sentía enorme. Estoy equilibrado y surfeando.
Surfeo la ola hasta la orilla. Las aletas se clavan en la arena, y me caigo de la tabla.
—¡Darion! —grito yo—, ¿viste eso?
Mi primo se ríe.
—Rompiste bro, ahora ven y hazlo otra vez—responde Darion desde el agua.
Corro de vuelta al agua, queriendo más acción. Hace unas horas, temblaba solo de pensar en el océano. Desde entonces, la playa se convirtió en un refugio seguro. Un lugar donde podía salir y superar mis miedos mientras me divertía. Llegué a preferir los días de tormenta cuando no había nadie más porque sentía el poder y el orgullo de ser el único surfeando. Convertí un lugar que antes me daba mucho miedo en un lugar donde podía sentirme realizado?. El mar me ha enseñado demasiadas cosas de mí mismo y cada vez que voy descubro algo más.