El marco de la
familia ideal. Afuera, el suelo estaría cubierto de nieve, el viento gélido.
Dentro de una casa suburbana, una madre y un padre con sus hijos, con pijamas a
juego, regalos sin fin bajo el árbol de navidad. El cuarto, lleno de amor. En
mi familia, nunca celebramos ninguna de las fiestas comunes: la navidad, los
cumpleaños, Halloween, y el resto. Para otros, raro, pero para mí, no puedo
imaginar otra forma de vivir. Mi papa es de Corea, y nunca tenía una conexión
especial con estas fiestas cristianas. Cuando yo tenía diez meses mi mamá se
convirtió a una religión que no permite fiestas. Por eso, ni mis hermanos ni yo
hemos tenido una vida normal. Yo crecí así y por eso, las fiestas para mí
siempre han sido algo perverso. Por eso no solo no celebráramos fiestas, sino
que nos esforzábamos por evitarlas.
En el día de mis
quince, bajo las órdenes de mi mamá (la gran capitana), limpié toda la cocina,
y después fuimos al Costco, para ir de compras. Mis padres, que todavía me
aman, me decían que podía elegir una comida que me gustara para comprarla. Al
siguiente día, fuimos a la casa de mis abuelos, que todavía son católicos.
Ellos me daban cien dólares como cada cumple de todos de mis 10 primos. No me
acuerdo bien, pero pienso que estaba triste. Para la quinceañera de mi prima,
su familia se fue de viaje a Europa. Su tía tomó muchas fotos de ella,
profesionalmente, con su vestido de princesa, en el fondo, la torre de Eiffel.
En el chat de familia, hablaba de lo bella que era su hija.
Pero en general,
nunca me importaron mucho las fiestas, y cuando sentía un poco de celos, la
culpa religiosa lo mataba. Lo que sí me importaban eran las palabras y
pensamientos de mis compañeros, de mis amigos. Pero no era una forma que
pudiera evitarlo, especialmente porque otra cosa no podía hacer. Cuando estaba
en la primaria, a veces, me invitaban a las fiestas de cumpleaños. Durante el
invierno, todas las actividades se centran en las fiestas. En frente de toda la
clase, mi maestra, enfrentó a una diferencia que no entendía e intentó forzarme
a hacer cosas que yo pensaba que me condenarían. Obviamente, no lo iba a hacer.
Y todos lo sabían.
Luego, vinieron
las preguntas, los pesares, las condolencias. ¿Nunca has recibido regalos? ¿Es
26 que tu familia es pobre?
Ahora, no tengo
tanta fe, y por eso, voy a fiestas. Para la navidad, un Secret Santa, una
fiesta con disfraces en Halloween, una cena con amigas en el día de pavo. Aún
así, no soy muy buena en las fiestas, es que todavía no me importan mucho. No
quiero comprar nada con mi dinero duramente ganado para personas que ya tienen
suficiente, y me molesta mucho limpiar después de una fiesta. Las personas no
pueden imaginar una familia con amor y felicidad sin las fiestas.
Tal vez vas a
decir, pobrecita, nunca tuve el placer de una navidad feliz, que soy la víctima
de un culto. Y tú puedes pensar lo que tu quieras. Porque incluso los perros
pueden pensar. Pero la verdad es que yo sé en mi corazón que mi familia es
buena, incluso si nuestra navidad es otro miércoles. Todavía, tú vas a ver,
afuera, el suelo cubierto de nieve, el viento gélido, y dentro, una madre y un
padre con sus hijos, con comida y todos en el sofá. Una casa llena de amor y
felicidad.
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